Cómo Ser un Instrumento en las Manos de Dios
¿Alguna vez has sentido el deseo profundo de servir, de hacer algo que deje huella espiritual… pero no sabes cómo empezar?
Si te has preguntado “¿cómo puedo ser un instrumento en las manos de Dios?” o “¿cómo compartir mi fe sin sentirme forzada?”, este mensaje es para ti.
Recuerdo una enseñanza que escuché cuando era misionera, y que todavía resuena en mi corazón. En el Centro de Capacitación Misional, el presidente Dallin H. Oaks compartió una analogía que nunca olvidé:
“El lápiz no puede escribir por sí solo. Necesita una mano que lo dirija.”
En ese momento lo entendí todo: nosotras somos el lápiz, y Dios es la mano.

Deja que Dios te guíe
Con mis manos puedo hacer muchas cosas: escribir, dibujar, cocinar, consolar a alguien, o preparar material para mis clientas. Pero si mi vida no está guiada por la mano de Dios, esos actos se quedan vacíos.
Cuando lo dejo guiarme, cada cosa que hago —por pequeña que parezca— tiene propósito eterno.
Isaías 64:8: “Ahora, pues, Jehová, tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.”
Ser un instrumento en Sus manos es permitirle moldearnos, incluso cuando el proceso duele. Porque Él ve en ti una obra de arte, aunque tú solo veas pedazos rotos.
Compartir el gozo que viene de Cristo
2 Nefi 2:25: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.”
¿Y sabes qué significa eso? Que el gozo que encontramos en Cristo no es solo para nosotras, sino para compartirlo.
Hace poco, una amiga perdió a su madre. Me invitó a su casa para leer las Escrituras y tomar un té. Leímos juntas Juan 14:27:
“La paz os dejo, mi paz os doy.”
Mientras orábamos, sentí cómo el Espíritu calmaba su corazón. No hice nada extraordinario. Solo fui, escuché, y compartí la Palabra.
A veces, ser instrumento de Dios es simplemente estar presente.
5 maneras prácticas de ser instrumento de Dios
1. Comparte tu testimonio personal
Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos.”
Tu testimonio tiene poder. En mi página web comparto cómo la fe en Cristo me ayudó a superar heridas del pasado, y cómo me sostuvo en momentos donde sentí que no podía más.
Cuando otras mujeres leen eso, muchas me escriben diciendo: “Si Dios lo hizo contigo, también puede hacerlo conmigo.”
Esa, amiga mía, es una forma hermosa de predicar sin predicar.
2. Sirve con tus dones únicos
Como coach, oro por mis clientas, las motivo a confiar en Dios y, cuando puedo, las invito a visitar el templo. Les pido que se sienten cerca de las fuentes y piensen en las palabras de Jesús en Juan 4:14:
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.”
Quiero que sientan esa paz que solo el Salvador puede dar.
Tus dones —sean cocinar, escribir, escuchar, crear— pueden ser instrumentos divinos cuando los ofreces con el corazón abierto.
3. Abre tu hogar
Tengo el deseo de abrir mi casa para noches de hogar donde podamos hablar de fe, familia y propósito. No necesitas un púlpito para compartir el evangelio. A veces basta una mesa, comida compartida y conversaciones honestas.
4. Sirve en silencio
También quiero servir como voluntaria en una organización que apoya a jóvenes que han sufrido abuso o abandono. Porque ser luz no siempre requiere un micrófono, a veces basta con un corazón dispuesto.
5. Vive tu fe visiblemente
No se trata de ser perfecta, sino de ser auténtica. Cuando vives con integridad, paz y compasión, otros lo notan. Tu vida se convierte en un testimonio silencioso pero poderoso.
El evangelio es como un jugo dulce
Déjame contarte algo curioso. Una vez estuve en un mercado en México y encontré mi jugo favorito: chinola (o maracuyá). Era tan delicioso que no quería compartirlo con nadie. Pero luego pensé: “¿Y si otros pudieran probar este sabor tan maravilloso?”
El evangelio es igual. Es dulce, refrescante, da vida. Si lo guardamos solo para nosotras, estamos negando a otros la oportunidad de saborear esa misma alegría.
Ser un instrumento de luz
Compartir el evangelio no siempre significa predicar con palabras. A veces es sonreír, escuchar, abrazar, servir o simplemente vivir con propósito.
Mosíah 2:41: “Considerad el estado bendito y feliz de aquellos que guardan los mandamientos de Dios.”
Cuando dejamos que Él guíe nuestras acciones, convierte nuestros pequeños actos en milagros.
Ser un instrumento de Dios no es ser perfecta; es ser disponible.
No es tener todas las respuestas; es tener el corazón dispuesto a amar.
Así que la próxima vez que sientas el deseo de servir, recuerda:
No necesitas ser el pincel más fino. Solo deja que el Artista te use para pintar Su obra.
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